11 Apr
Qué dice la psicología sobre las personas que piden perdón por todo: los tres pasos para cambiarlo

Expresar disculpas constantes ante situaciones cotidianas suele constituir un reflejo adquirido durante la infancia en busca de aprobación. Especialistas en comportamiento humano advierten el deterioro de la autoestima y de la imagen profesional como consecuencia de este hábito


Un correo que comienza con “Siento molestarte, pero…”, una reunión programada que se abre con una excusa o un accidente ajeno que provoca un “perdón” propio: las disculpas constantes pueden convertirse en un hábito que afecta la carrera profesional y la autoestima.

La conducta suele presentarse como cortesía. Sin embargo, cuando aparece ante hechos que no requieren una reparación, puede transmitir inseguridad, falta de convicción o una necesidad de aprobación. También desgasta a quien la adopta y a las personas de su entorno, desde colegas y superiores hasta familiares.

El problema no radica en pedir perdón cuando una persona causó un daño. La dificultad aparece cuando la expresión sustituye una respuesta más precisa o funciona como un recurso para reducir una tensión que, en rigor, no corresponde asumir.

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